El Burgo Ranero - Mansilla las Mulas
Otra noche movida... Cuestión de acostumbrarse, es lo que hay cuando se viaja así... Pero aunque se duerme poco se descansa lo suficiente, nos levantamos totalmente recuperados y con ganas de andar.
Salimos sin prisa, hoy toca etapa corta. Buen tiempo, calor pero con una brisa muy agradable. El camino corre paralelo a la carretera, pero pasan pocos coches y no molestan demasiado.
Por delante, a unos 400 metros, camina una pareja. No nos han visto, van agarrados de la mano, aunque no es la mejor postura para caminar largas distancias con mochilas. De pronto se paran a beber agua de sus cantimploras. Cuando terminan se miran y empiezan a besarse. Un beso largo, largo y profundo como el Camino. Se sonríen y siguen caminando. Una bonita estampa, un momento mágico y bonito. Si ver éstos gestos en nuestras calles nos hace sonreír, en el Camino es realmente especial.
A medio camino nos encontramos una poza entre dos acequias. El agua está muy limpia, pero congelada...mejor para mi. Cristina mete los pies... y yo me meto entero. Pasan otros peregrinos y me miran sonriendo, no sé si les doy envidia o piensan que estoy loco. Me da igual, el baño entra de maravilla. Ah, y no hay fotos: he prohibido a Cristina que saque ninguna, bajo pena de abandonarla a su suerte.
Una curiosidad: el refrán "de Reliegos a Mansilla, la legua bien medida". Y es que entre estos dos pueblos hay exactamente una legua de distancia: entre 5.573 y 5.914 metros. ¿ Entre 5.573 y 5.914 metros ?. ¿ Y por qué no una distancia fija ?. Porque la legua es la distancia que una persona, a pie, o en cabalgadura, pueden andar durante una hora.
Me gusta la legua como unidad para el Camino, tendré que hacer el cálculo de la distancia en leguas: 775 km = entre 131 y 139 leguas (según la velocidad a la que vaya). No es muy científica que digamos; pero al Camino hemos venido a otra cosa.
Llegamos a Mansilla Las Mulas a la hora de comer, es decir, a la hora en que empezamos a tener hambre. Paramos en un restaurante con terraza exterior y tomamos un menú con cervecitas. Después de recuperarnos entramos al albergue y nos encontramos con una sorpresa: hay bañera. Así que aprovechamos para quitarnos el polvo del Camino y relajarnos.
Por la tarde paseíto por Mansilla: será porque es lunes, pero no hay nada de ambiente. Las calles desiertas, ya nos habían avisado de que era un pueblo venido a menos, pero tanto...
Cenamos de pinchos, justo cuando terminamos empieza a llover, a jarrear torrencialmente. Así que cuando para un poco nos volvemos al albergue.
Es víspera de San Juan y Cristina echa de menos las hogueras. Preguntamos en el pueblo y nos dicen que en Mansilla no se hacen. Gran desilusión de Cristina, va a ser su primer San Juan sin hoguera. Pero como no es mujer que se quede de brazos cruzados decide hacer su propia hoguera de San Juan en la barbacoa del albergue. ¡ Todos duermen y nosotros encendiendo una hoguera !. Pequeña, eso si, pero bonita. Y hemos continuado con la tradición...
Creo que Cristina fue bruja en una vida anterior, por la forma en que mira el fuego. Bruja buena, eso sí. ¿ Estará recordando antiguos akelarres ?. ¿ O la hoguera en que la quemó la Inquisición ?.
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